jueves, 23 de febrero de 2012

efemerides del 23 de febrero

1455.-Johannes Gutenberg comienza la impresión del primer
libro de la historia: "La Biblia

1475.-España: Se imprime en
Valencia el primer incunable fechado,
el Comprehensorium.

1685.-Nace Georg Friedrich Händel
compositor alemán, considerado una
de las cumbres del Barroco y uno de los más influyentes compositores de la
música occidental y universal

1990.- Por vez primera en Europa, el cardiólogo
Charles E. Mullins corrige, sin necesidad de
cirugía, una malformación congénita de corazón
a una niña de cuatro años en Madrid.

1997.- Se da a conocer la existencia de la oveja
Dolly, el primer mamífero clónico desarrollado en
un laboratorio, que en ese momento constaba ya
con siete meses de edad.

2006.- Muere Antonio Rodotà, sentó las bases de la dimensión europea del
espacio y puso en marcha el programa de navegación por satélite 'Galileo'.

2011.- Hallan una nueva especie de dinosaurio en EEUU, el saurópodo con las
patas más poderosas.

martes, 7 de febrero de 2012

Fiestas Patrias

La Guerra de Independencia Dominicana le dio a la República Dominicana su independencia de Haití en 1844. Antes de la guerra, toda la isla La Española había estado bajo el dominio haitiano durante 22 años cuando Haití ocupó el nuevo estado independiente llamado Haití Español en 1822. Después de los esfuerzos hechos por patriotas dominicanos para independizar el país del dominio haitiano sobrevinieron una serie de batallas que sirvieron para consolidar la misma (1844 a 1856). Los haitianos hacían ataques incesantes para volver a dominar la recién creada República, pero con resultados fallidos.



Juan Pablo Duarte era joven, educado, un auténtico nacionalista, y el hombre que ayudó a dirigir e inspirar la Guerra de la Independencia de 1844. Duarte, junto con varios liberales dominicanos fundó una sociedad secreta en 1838 llamada La Trinitaria. Fue nombrada así porque sus nueve miembros originales se habían organizado en grupos de tres. Cada grupo iba reclutando adeptos, mantenimiento estricto secreto, con poco o nada de contacto directo entre sí, con el fin de minimizar la posibilidad de ser detectados por las autoridades haitianas. Rápidamente iban llegando muchos reclutados al grupo, pero fue descubierta y obligada a cambiar su nombre a La Filantrópica. Sin embargo, continuaron conspirando contra los haitianos.

En 1843, la revolución tuvo un gran progreso: los trinitarios se unieron al partido liberal haitiano que derrocó al presidente Jean Pierre Boyer. Sin embargo, los Trinitarios que participaron en el derrocamiento llamaron la atención del sustituto de Boyer, Charles Riviere-Hérard. Hérard encarceló algunos Trinitarios y obligó a Duarte a abandonar la isla. Mientras estuvo exiliado, Duarte buscó apoyo en Colombia y Venezuela, pero no tuvo éxito. En diciembre de 1843, los rebeldes le pidieron a Duarte que regresara, ya que tenían que actuar con rapidez porque temían que los haitianos se dieran cuenta de sus planes de insurrección. En febrero de 1844, como Duarte no había regresado (por enfermedad), los rebeldes decidieron tomar medidas de todos modos con el liderazgo de Francisco del Rosario Sánchez, Matías Ramón Mella, y Pedro Santana, un rico ganadero, que comandaba un ejército privado de peones que trabajaban en sus tierras.

l 24 de febrero de 1844, los principales miembros de La Trinitaria, se reunieron esa noche clandestinamente en casa de Francisco del Rosario Sánchez, para acordar definitivamente los planes y poner fecha inmediata a la independencia. El 25 de febrero, ya todos los planes estaban listos para ser ejecutados, por lo que de inmediato fueron despachados los correspondientes emisarios hacia las diversas regiones del país, con el claro propósito de dar a conocer las decisiones tomadas por el grupo que se reunió clandestinamente en casa de Sánchez.

jueves, 2 de febrero de 2012

La niña se acercó a la cama y vio que su abuela estaba muy cambiada.
- Abuelita, abuelita, ¡qué ojos más grandes tienes!
- Son para verte mejor- dijo el lobo tratando de imitar la voz de la abuela.
- Abuelita, abuelita, ¡qué orejas más grandes tienes!
- Son para oírte mejor- siguió diciendo el lobo.
- Abuelita, abuelita, ¡qué dientes más grandes tienes!
- Son para...¡comerte mejoooor!- y diciendo esto, el lobo malvado se abalanzó sobre la niñita y la devoró, lo mismo que había hecho con la abuelita.
    Mientras tanto, el cazador se había quedado preocupado y creyendo adivinar las malas intenciones del lobo, decidió echar un vistazo a ver si todo iba bien en la casa de la Abuelita. Pidió ayuda a un segador y los dos juntos llegaron al lugar. Vieron la puerta de la casa abierta y al lobo tumbado en la cama, dormido de tan harto que estaba.
    El cazador sacó su cuchillo y rajó el vientre del lobo. La Abuelita y Caperucita estaban allí, ¡vivas!.
    Para castigar al lobo malo, el cazador le llenó el vientre de piedras y luego lo volvió a cerrar. Cuando el lobo despertó de su pesado sueño, sintió muchísima sed y se dirigió a un estanque próximo para beber. Como las piedras pesaban mucho, cayó en el estanque de cabeza y se ahogó.     
    En cuanto a Caperucita y su abuela, no sufrieron más que un gran susto, pero Caperucita Roja había aprendido la lección. Prometió a su Abuelita no hablar con ningún desconocido que se encontrara en el camino. De ahora en adelante, seguiría las juiciosas recomendaciones de su Abuelita y de su Mamá.
    Había una vez una niña muy bonita. Su madre le había hecho una capa roja y la muchachita la llevaba tan a menudo que todo el mundo la llamaba Caperucita Roja.
    Un día, su madre le pidió que llevase unos pasteles a su abuela que vivía al otro lado del bosque, recomendándole que no se entretuviese por el camino, pues cruzar el bosque era muy peligroso, ya que siempre andaba acechando por allí el lobo.
    Caperucita Roja recogió la cesta con los pasteles y se puso en camino. La niña tenía que atravesar el bosque para llegar a casa de la Abuelita, pero no le daba miedo porque allí siempre se encontraba con muchos amigos: los pájaros, las ardillas...
    De repente vio al lobo, que era enorme, delante de ella.
- ¿A dónde vas, niña?- le preguntó el lobo con su voz ronca.
- A casa de mi Abuelita- le dijo Caperucita.
- No está lejos- pensó el lobo para sí, dándose media vuelta.
    Caperucita puso su cesta en la hierba y se entretuvo cogiendo flores: - El lobo se ha ido -pensó-, no tengo nada que temer. La abuela se pondrá muy contenta cuando le lleve un hermoso ramo de flores además de los pasteles.
    Mientras tanto, el lobo se fue a casa de la Abuelita, llamó suavemente a la puerta y la anciana le abrió pensando que era Caperucita. Un cazador que pasaba por allí había observado la llegada del lobo.
    El lobo devoró a la Abuelita y se puso el gorro rosa de la desdichada, se metió en la cama y cerró los ojos. No tuvo que esperar mucho, pues Caperucita Roja llegó enseguida, toda contenta.